Susana Fortes: "El papel de los historiadores es el de detectives en el pasado"
La escritora Susana Fortes ha recreado una de las grandes traiciones de la Historia en su obra 'Qvattrocento'
Qvattrocento’ es una novela histórica pero también de intriga. ¿Cómo ha impedido que una cosa devore a la otra?
Me resultaba muy atractivo el tema sobre el que novelo la conjura de los Medici porque me permitía precisamente unir mis dos pasiones: la novela negra y la investigación histórica y creo que el ‘thriller’ es la mejor manera de organizar el material de una novela histórica, en una línea que inició muy bien Umberto Eco con ‘El nombre de la rosa’, que es una novela magnífica. Entonces, te permite organizar el material de la novela histórica utilizando un método de investigación más propio de Sherlock Holmes que de la investigación historiográfica que puede resultar más ardua y pesada para el lector. De hecho, Ana Sotomayor que es una estudiante que está con una beca para estudiar en Florencia a un pintor del Renacimiento, sus obsesiones se van haciendo más propias de un detective que de una historiadora del arte y es que el papel de los historiadores es el de detectives en el pasado en el fondo. En la historia hay casos que quedan abiertos y casos en los que no se descubre al asesino.
¿Cómo empezó todo?
Para mí, todo esto empezó con una noticia de prensa sobre un investigador americano de la Universidad de Connecticut, Marcelo Simoneta, que descubrió un archivo privado, una correspondencia secreta que descubría la identidad de un asesino que había permanecido oculto 500 años. Los hechos se referían a la famosa Conjura contra los Medicis que tuvo lugar un día de abril de 1478 en la Catedral de Florencia. Ese día era domingo de Pascua y toda la nobleza local estaba allí y la presidía el hombre fuerte de la República que era Lorenzo el Magnífico. Así, en el momento en el que el cura levanta el cáliz, los conjurados sacan dagas florentinas contra la familia Medici y empieza una carnicería que no puedes ni imaginar, con detalles escabrosísimos que durante mucho tiempo coparon la imaginación de los florentinos. Más que una conjura fue un golpe de estado. Estaba metido el Papa, nuestro rey Ferrante de Aragón y Nápoles, estaban metidos los principales banqueros de la época. Y eso la historia lo sabía, estaba al alcance de cualquier historiador. Sin embargo, quedaba un fleco de esa investigación, y, de repente, este profesor descubre quién estaba detrás, quien movió los hilos, que fue un personaje que se fue de rositas de la historia. Así, la idea de que 500 años después de pudiera cerrar un caso, me suponía un reto muy atractivo al que no me pude resistir.
Ana se obsesiona con descubrir unos hechos. ¿Hay cosas que es mejor dejarlas como están?
Ella pone en peligro su vida. Ella es una estudiante joven , sugestionable e inteligente, pero también tiene un punto de ingenuidad. Como contrapunto está su director de tesis que es un tipo mayor que lleva muchos años y que es un hombre muy escéptico que ya ha vivido todo lo que esperaba vivir. Entre ellos se establece una relación muy curiosa, una atracción que tiene un ingrediente de morbo, como una especie de erotismo intelectual. Están como jugando una partida de ajedrez que les va involucrando. La curiosidad como elemento de atracción me interesaba mucho. Luego, hay un cuadro oculto que está para restaurar en el museo de los Uffizi, hay un restaurador de pintura, hay un investigador de policía, hay un hombre del Vaticano y, sobre todo hay una Iglesia, que está dividida. Ella está allí en 2005, justo antes de que se muera elPapa Juan Pablo II y siempre la agonía del Papa suscita una lucha por el poder entre los nuevos candidatos. En esa lucha me interesaba ese hilo conductor, es decir, ¿qué puede tener que ver la elección de un Papa en el siglo XXI con unos hechos ocurridos hace 500 años.
¿La Iglesia sigue siendo una de las instituciones que más misterios guarda?
¡Claro! Hay una tendencia dentro de la novela histórica que se va por las ramas de lo esotérico, cuando la realidad, tal cual es, ya es muy misteriosa. ¿Qué mayor misterio puede haber que el de un Papa que muere a los 33 días de Pontificado sin que ningún médico quiera certificar su defunción? y, por supuesto sin autopsia. Antes que él, la persona que le debía informar de las actividades del instituto, apareció ahorcado en un parque de Roma. Fue una cadena de muertes que se llevó por delante a un fiscal, a un periodista, a un teniente coronel, a varios cardenales y, finalmente al presidente de la banca ambrosiana, que apareció ahorcado en un puente de Londres en 1982, el puente se llama ‘Black friars’ que significa frailes negros. Más misterio que eso...